Muchas veces reconocemos el pellejo real de las cosas y sus consecuencias, sabemos cómo actuar, qué es lo correcto y lo conveniente...pero nos mantenemos en una vía paralela. Deberíamos hacer tantas cosas de este u otro modo, adopatar tales decisiones...y aún así, dejamos que se escape la oportunidad de acertar porque...lo indeciso batalla contra el aburrimiento. "¿Qué aguardará tras esa esquina del destino a tibia luz?
Angie no es muy distinta...
Espero que disfrutéis del antepenúltimo capítulo del libro, y como siempre, os recuerdo el enlace para la descarga gratuita e inmediata de este.
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Un beso a todos.
XII - DEBERIAMOS
“¡Hay tanta gente en el anfiteatro! Demasiados besos de cortesía, saludos convenidos, humo de malas hierbas, envidias y mentes en babia. Actúo como de costumbre, pero…no consigo verlo.”
Debería pensar en otras cosas…
“La sala es la que él propuso, la que ofrece una simbiosis perfecta con el impresionismo imaginario del film. Los colores se cruzan entre el irascible rojo ‘pasión recién desgarrada’ de la moqueta y paredes, y el intenso negro ‘pozo sin fondo’ de las butacas y cortinas que esconden la pantalla grande. Así la soñamos. Sobre el gris suave del techo desfilan imágenes de un faro con muros anómalos, camas de hospital vacías y dos manos gigantescas cubriendo una frente anciana, llena de nubes. Nubes, ¡qué paradójico! La película es la ilusión de Ermond; yo siempre he creído en ella, pero no encontrará una respuesta inmediata entre la gente…la abulia es el aplauso más ingrato para un artista. Lo conozco de sobra y sé cómo le puede afectar la ausencia de llamadas reconociendo su aptitud, la falta de nuevos planes de trabajo. ¿Es acaso justo que me preocupe aún por él? Me acaba de dejar de la manera más inicua posible, muy a su estilo, con tintes novelescos, amparándose en las gratas memorias. Mamón.”
Debería estar sentado a mi lado…
“¿Dónde están todos? Claudia, Lisa, Clara, Lucio, Charlotte… ¿Y él? No lo veo por ninguna parte. En la primera fila sólo quedan vacías nuestras butacas y la proyección comenzará en breve. Si pregunto por él… ¿me dirían que se ha retirado a meditar, a discutir con la marea, a buscar inspiración? ¿La que yo le proporcionaba es ahora nieve derretida, agua tibia goteando por su nuca? No sé, quizás debería creer que se encuentra confundido por el ritmo veloz de los últimos acontecimientos. Querido Ermond, calzaste mis pies diminutos con las zapatillas que sólo tú podías recuperar de mi memoria y patinaste tus dedos por mi puente de bailarina fracasada. Apareciste con la fuerza de un ciclón, sin pedir permiso para enamorarme, disfrutando con ello. Ahora te marchas con el pretexto de mi divinidad inabarcable, justo lo que te enamoró de mí. ¡Ahí estás! ¡Has llegado por fin! Tardíamente, como siempre. Dios mío, aún puedo percibir el olor de tu piel en el poso de mi ceguera, tus caricias mudas, mi sonrisa en tus recitaciones. No me hagas esto, sujeta a esta nube, recoge la hoja perdida, apaga la cellisca con tu enérgico hálito; llévame de vuelta a casa y mata la marea, necesito absorber tu respiración de ojos tristes hasta que te olvide.”
Debería actuar con dignidad…
“Debería acercarme a él, saludarlo educadamente, mostrarle que mi dignidad ha sobrevivido a su poesía insana, apartarle de las chicas que lo aturden con sus perfumes de estreno y sus pechos hambrientos de la tinta de su lengua. ¡Mírame a mí! Llevo aquel vestido de gasas naranja y los tacones infinitos que me hiciste probar desnuda por todo el dormitorio. Hoy es ese día que tanto imaginamos entre risas y promesas de ser especiales, y carreras contra el reloj, y pausas entre los jadeos. ¡Crúzame en tu pupila aunque sea tan sólo por un segundo! Casi me estoy arrastrando por ti. ¿No te das cuenta? ¿Cómo puedes permitírtelo? Me descubriste a mí misma como mujer íntegra, yo te ayudé a explorar tu universo retenido en islas desusadas; pero no somos sólo socios, nuestro proyecto trasciende más allá de esta pretenciosidad que nos envuelve, de estos tabiques, incluso más allá de nosotros mismos. ¡Mírame, hijo de puta, te estoy hablando! Deja de sonreírlas, amansa tu merecido ‘yo’ y ven conmigo, vamos a sentarnos juntos aunque no nos encontremos.”
Debería echarle algo al estómago…
No consigo entender cómo es capaz de pasear tan risueño entre los asistentes a su cena de graduación, esta misma noche, copa en mano, recibiendo los elogios, relamiendo su éxito, justo, pero que en parte me pertenece a mí tanto como a él. ¡Qué generoso con las demás! Les susurra al oído quién sabe qué propuestas inmortales, les acaricia los pómulos con sus labios en retirada, coge sus brazos mientras pretende convencerlas entre sonrisas de su propio esplendor. Y ellas le siguen, al igual que todos; no hay mesa ajena a la siembra de las semillas de su embrujo. ¿Y yo? Abandonada: un breve ‘¡hola Tita!’ sin disculpas, un ademán de arrumaco, un dátil en mi boca antes del secuestro. A la izquierda sigue su asiento vacío y frente a mí, un plato sin estrenar; por la garganta no me pasa nada sólido, ni un mísero cacahuete, sólo la tersura densa del rioja. ¿Cuántos yakitoris lleva él? Al menos seis. ¿Y canapés de salmón? Le he contado hasta cinco, junto a los daditos de pavo, las piruletas de cuatro quesos y las alcachofas con beicon y gambas. Sin embargo, mis brochetitas de fruta y huevos de codorniz siguen buscando apetito que las quiera. ¡Qué mala suerte! Han ido a parar a unos colmillos escasos de calcio… desde esta tarde. Inauguremos la segunda botella de Graciano, toda para mí. A beber y a seguir con el culo pegado al asiento. ¡Ay Claudia, como en aquella ocasión! ¿Por qué no estás aquí para traerme las copas? Soy incapaz de levantarme, enfilar la salida; debería comer algo, no puedo caer desmayada y perderme parte de su show. ¿Será esta noche la última vez que lo vea? Mañana cada uno por su lado, como si todo lo que hubiéramos vivido se pudiera disculpar con un par de folios. Ahora está metiéndole con mimo una oliva a una morenaza jaquetona en su boca. ¡Mira ella, cierra los ojos y le chupa el pulgar! Estará imaginándose relamiendo la verga de mi virtuoso en algún hotelucho reservado a los artistas bohemios sin un duro en el bolsillo, en una suite repleta de espejos. ¡Mierda! ¡Se le ha caído la aceituna por el escote! ¡La tía, cómo hincha las tetas para que sienta que tiene el pasaje expedito hacia sus ubres! Y allá se dirige él; sigue igual, tan gentil como siempre, sin inmutar su sonrisa mientras va derribando con su indolencia barrera tras barrera, hasta tenerla en sus brazos, penetrada, distinguiéndola con amor eterno. ¿Por dónde andan mis amigas? La mesa estaba reservada para todas nosotras. Tras un par de entrantes, no han tardado ni diez minutos en capturar a los posibles suministradores de esta noche; se desperdigaron al ritmo de la orquestita de jazz, entre las luces rubias y azules del techo. Allí veo a Bertha, enseñando su tatuaje de la nuca al gigante encargado del auxilio del recinto; pensará que todo debe guardar una simetría lógica. Clara, con gesto de interesarse por el coloquio del cineasta enano, feo y orejudo con pinta de castigador, no le quita el ojo a los labios de su tetuda hija. Lisa, como de costumbre, prefiere la barra, allí se deja lamer por unos y otros; le divierte escuchar las loas y los juramentos que le hacen mientras rozan sus pieles. Intentan mostrarse tal que caballeros, después se irá a follar con el más guarro. ¿Y Doris? ¿Qué le habrá parecido nuestro regalo? Si estuviera en este momento aquí, acompañándome… seguro que me ayudaría a verlo todo bajo otra luz. O quizás la mejor opción pasaría por estar juntas en el Tannhäuser. Lo recuerdo tan gratamente… ¿Dónde se ha metido ahora mi chico? Hace rato que no lo veo; tampoco a la jaquetona. Maldita sea…”
Deberíamos volver…
Lisa: ¡Oye, Angustita! Tienes mala cara, estás sudando. ¿Te ocurre algo? ¿Cuántas copas te has bebido?
Angie: Demasiadas pocas aún. ¡Que te jodan! Estoy harta de tu suerte, de tus facilidades…
Lisa: ¡Eh, eh! ¡Para el carro! ¿Facilidades, yo, para qué? ¡Angie, que me conoces de sobra!
Angie: Por eso mismo. ¡Que te jodan y luego te vuelvan a joder! ¡No, mejor aún! ¡Que te jodan a la vez varias veces! ¿Es así cómo lo prefieres?
Lisa: Santa Madonna, pequeña; estás fatal. Por cierto, me ha parecido ver a Ermond acompañando a una tía súper pija al servicio y han entra… ¡Espera, ya entiendo! ¡Coño! ¡Qué putada, qué mamón! ¿Voy y lo saco de allí… o le meto este vaso por el culo, primero a uno y después a la otra?
Angie: Déjalo, no merece la pena. Sólo me estoy dando un homenaje de despedida mientras me hago cargo del asunto. Pero mañana habrá un nuevo comienzo, volveré a ser la Angie de antes, se acabó la tregua y el pacifismo. ¡Os vais a enterar! ¡JA! ¡Angie’s back!
Lisa: Si, back, totalmente back, pero larguémonos de aquí, será lo mejor para las dos. Lucio hace ya una hora que se marchó para abrir la disco, y hoy pincha Alex, “tu” Alex, el de los huevos del móvil, ¿te acuerdas? Seguro que se alegrará de verte tras tanto tiempo.
Angie: ¿Y Ermond? ¿Debería dejarlo aquí solo?
Lisa: Deberías, deberíamos… aquí, la única persona que se encuentra sola eres tú, mi cielo. Vamos, te sentará bien volver.
Angie: Te quiero Lisa, gracias. No conozco a ninguna otra persona con la que me lleve mejor. Dame un beso, anda…
Lisa: ¿Con lengua? Como quieras…Uuuummmm. ¿Qué tal?
Angie: ¡Uuuff! ¿Y si nos hacemos lesbianas y nos compramos un par de consoladores?
Lisa: No hace falta, nos podemos comer todo lo que queramos sin tener que descartar. Usar y tirar, babe. No dejes nada dentro que te pueda partir el corazón más tarde. Ponte guapa, nos vamos.
Angie: Debería saber interpretar su última mirada...
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