sábado, 19 de diciembre de 2009

Angie's Lava: Capítulo III

¡Hola de nuevo a todos!

¡Fin de semana y vuelve Angie con un nuevo capítulo! El frío es tremendo en todo el estado, pero en la ficción, se acerca la primavera. ¡Y nada mejor que una fiesta superpijaarchifrívola para presentar a las amigas de Angie! Ella es distinta...es como todas y a la vez auténtica; puede picar de aquí y de allá...al final, lo que la hace mover es su enorme corazón, una pizca de ingenuidad y el músculo decontrolado de su sexo.

Os recuerdo los enlaces para la descarga y la lectura gratuita del libro completo:

http://www.bubok.es/libro/detalles/14039/quotAngies-Lavaquot   (descarga)

http://www.librovirtual.org/lectura.php?obra=NOV0107               (lectura)

Disfrutad del capítulo; ¡¡¡ pronto más!!!


III- LA TEORIA DEL CHEF CHINO, LAS GAMBAS SIN PELAR Y LA BOMBILLA SOLITARIA




Angie llega tarde; todos se encuentran ya en el jardín, con los vasos de plástico en una mano y los deseos plastificados en la otra. La inquieren; los que menos, esperan su ensalada tradicional. Es la barbacoa de bienvenida a la primavera en el laberinto de la casa de campo de los Álvarez de Maza y no sé qué. Cuando hace acto de presencia sucede como de costumbre: silencio impulsivo en torno a su figura y olor a apetito anhelante sin género de sexo. Hay de todo: banqueros, hijos de banqueros, nietos de banqueros, madres de banqueros, putas y esposas de banqueros, putas madres de banqueros, y algunos ahorradores que aspiran a ser banqueros. Y un par de niñas guapas. Está algo nublado.



Lisa: Mira la guarra cómo llega, con ese estilazo, tarde, dando saltitos y además con la cara de haberse tragado ya el refrigerio, de venir bien nutrida. ¿No tiene ahí algo blanco colgando?

Bertha: No seas burra ni envidiosa. ¡Clara, pásame un poco más del Protos!

Lisa: ¡Hola, Angie! Tarde, ¿no? ¡Oye! ¿Ahora se lleva así el rímel? Pareces más chinita aún.

Angie: Ya te contaré después cosas sobre los chinos. Anda, ven a la cocina y ayúdame a preparar la ensalada.

Lisa: ¿Cómo? ¿La traes sin hacer? Claro, la habrás dejado para última hora, igual que siempre, y te habrá surgido un imprevisto, como casi nunca.

Angie: Qué sabrás tú…por cierto, me han dicho que te pareces a una actriz muy famosa, una suiza, no recuerdo el nombre, pero era algo así como Raquel o Rahel, creo… De lo que sí me acuerdo es que el tipo ese me dijo que para los sesenta y pico años que luce se conserva de maravillas, y que tiene unas tetas naturales buenas, buenas; para hartarse de chupar.

Lisa: Sus muertos y tus muertos. ¡No te jode! Y mírame bien las tetas, no hay cuatro iguales.

Angie: Ya, ya…Toma, ve colocando los langostinos alrededor.

Lisa: ¿Eh? ¡Qué joía! Como tú ya habrás pelado lo que tenías que pelar ahora quieres que los demás nos encarguemos del resto.

Angie: Lisa, chochete mío, es una nueva receta, es del chino que mencioné antes. Y sí, hace nada me he comido un pedazo de polla que me ha atravesado la campanilla y me ha embadurnado toda la boca de leche. De hecho, ahora no tengo ni una pizca de hambre.



Lisa se queda mirándola fijamente con un crustáceo en cada mano. Bajo su expresión de perplejidad se esconden unas gotas de sorpresa, unas ramitas de admiración y mucha sazón de envidia.



Lisa: Hija de puta. ¿Será verdad?

Clara: Hola chicas. ¿De qué habláis?

Angie: De una nueva manera de servir la ensalada. ¿Sabes? En vez de pelar los langostinos se sitúan en el plato formando un círculo, tal cual, y el más grande es el único que se descascara para coronar el centro. Me lo dijo un chino.

Clara: Venga, Angie. Suena a excusa de polvo exprés. ¿Hay más hielo en el congelador?

Angie: Sí, creo que algo queda. Y parece mentira que no estés aún al corriente de que yo para menos de una hora no me bajo los pantalones ni me subo la falda. Y pasando de preliminares, están sobrevalorados.

Lisa: Escúchame con atención, guapetona, si vas a olvidarte de ellos cuando te pones ahí a darle duro al asunto, debes estar muy segura de que va a tratarse de un buen nabo lo que te perforará el chomino en breve. Entonces ni la lengüita, ni los dedos, ni el pollón de un negro judío de plástico tienen nada que hacer. ¡Directos al meollo!

Angie: Ejém…sí, claro. ¡Ya está! ¿La llevamos al jardín de los Álvarez de la puta Maza en Flor y Osea?

Clara: Eres la leche, Angie.

Angie: La leche….uuummm ¡Qué gustosa! Chicas, pasad también de las desnatadas y los triglicéridos. Leche alemana, de sus verdes prados, la mejor.

Lisa: Estás como una puta cabra, y española, pero me encanta. Vamos afuera.



Y cayeron todos los medallones, las costillas, los Chateau La Tour, las cervezas de importación, los entrecots, los quesos suizos… incluso la ensalada. Cada uno se peló sus langostinos, menos un quisquilloso catedrático de inglés que por no estropear su exquisita colonia de mano se quedó sin probarlos. El mayor, el del centro, fue para Alex, el nuevo técnico de sonido de la sala de conciertos y copas de Lucio, un buen “pájaro nocturno”, amante ocasional de su jefa Charlotte y “hombre de las golosinas” los días señalados. Aunque ellas conocían a Alex del Trafalgar, el chico se bautizaba en esta clase de actos sociales.

La casa es de las que quitan el hipo: cinco cuartos de baño, piscina en el jardín (aún por llenar), piscina en el interior climatizada, spa, garajes, azotea, porche, gimnasio, sala de lectura y cine, una cocina inmensa, tres terrazas y muchas habitaciones para huéspedes. Tras la barbacoa no queda ninguna libre: las parejas se tumban a digerir el copioso almuerzo, pero resultaría difícil en caso de necesidad encontrar a cada cual con la suya. Las niñas siguen en el césped, sentadas en torno a una mesita plegable, echando una “partida de móviles” al resguardo de una sombrilla.



Bertha: Bien, ¿a cuánto asciende la apuesta de hoy?

Clara: Pues, como hace ya casi dos meses que no jugamos, 100 euros no estarían mal, ¿no?

Lisa: ¿100 euros? ¡No me jodas! ¿Es que no has encontrado nada fiable? 300 como poco, que es el estreno de la primavera.

Angie: Hecho, acepto. Se os van a caer las bragas.

Clara: ¡Hey! Si Angustita los ve, yo también.

Bertha: Ahora vuelvo, voy a ganármelos.

Lisa: ¡Guarra! No tardes o empezamos sin ti. Te damos diez minutos.



Bertha se gira en el portón de la planta principal y les sonríe, abre su boca al máximo, se pasa la lengua por los labios, los cierra y se mete sus dos pulgares, mamándolos al unísono.

Regresa a los nueve minutos, con un vaso de agua fresquita, y arroja seis billetes de 50 al centro de la lámina de madera rusa.



Bertha: ¿Comenzamos?

Angie: Buen provecho, nena. De acuerdo, 30 segundos para elegir la foto y poner el móvil sobre el dinero. Gana la polla más gorda y grande. A ver… ¡ya!



Los segundos transcurren enseguida. Bertha, Clara y Angie dejan caer sus móviles justo a tiempo en la mesa. Lisa se ha hecho un lío con las carpetas de imágenes y no encuentra la foto adecuada. La indignación la corroe.



Lisa: ¡Mierda, mierda, mierda! ¡Que estaba por aquí, coño! ¡Me cago en la puta polla del Enrique! ¿Dónde se ha metido?

Angie: El tiempo se esfumó. Lisa, estás eliminada.

Lisa: ¡Y un carajo! Mi polla juega. ¡Chocho de cabra loca, con lo que me costó ponérsela tiesa al brasileño!

Clara: Las reglas son las reglas. ¡A chuparla!

Lisa: ¡Pero si el dinero me da igual! Lo que pasa es que no os vais a creer que el Enrique y yo…

Angie: Ya, claro. ¿Y cómo pretendes convencernos de que es la del Enrique? ¿Es que lleva acaso su nombre tatuado en el cipote?

Clara: ¡Venga, fuera! ¡A tomar por culo de una vez, tía!

Lisa: ¡Jo! Si al menos…

Bertha: Veamos las fotos…uufff. ¡Vaya! ¡Qué elementos! Habéis sido buenas, ¿eh? ¡Coño de Dios! ¡Angie! ¡Qué es esto! ¡La Virgen puta! ¿De dónde la has sacado? ¿De una película?

Angie: ¡Sí! Bueno, casi. Hace unos días fui al cine con él, charlamos y como estábamos sentados bajo la única bombilla que funcionaba en la fila trasera, pues… de tanto hablar y usar la lengua… ya sabéis, aprovechamos esa lucecita para inmortalizar el momento.

Lisa: ¡Esta gana! ¡Esta gana! ¡Sin duda! ¡Son de las que si consigues metértela entera en la boca te quedas sin respiración, o te entra fatiguita! ¡Me encantan!

Clara: ¿Y se puede conocer de quién es este ejemplar, quién es ese “él”?

Lisa: Es la de un chino, el que le ha pasado la receta de la ensalada sin pelar.

Angie: ¡Qué va! El chino en verdad sólo es un personaje de la película, el dueño de un restaurante en Manhattan al que va mucha gente sin saber por qué, y es porque utiliza en sus platos una mezcla secreta afrodisíaca que elabora con el jugo de la cabeza de los langostinos. Pero la gente no tiene ni idea de lo que come, sólo que después de tomar algo allí, follan como locos durante un par de horas y claro, vuelven y vuelven al restaurante, y tiene un éxito tremendo hasta que…

Lisa: ¿Era una porno?

Bertha: Pues para estar entretenida con otros asuntos, te enteraste bastante bien del argumento.

Angie: Capullita, el argumento lo leí al salir del cine en la sinopsis que te dan en la taquilla. Trae para acá todos los billetes.



Tras la merienda y unas copas en el “Salón Argenté”, la multitud comienza a colocarse bien los escudos, las corbatas, los postizos y las formas. Se van a figurar a un nuevo zoco. Angie está apurando una última cerveza, junto a Alex.



Angie: Gracias, guapo. Toma tus 150. Si te parece, te vuelvo a llamar para que me envíes otro archivo cuando organicemos la siguiente partida. Después de la polla vienen los huevos. ¿Cómo los tienes?

Alex: Creo que te gustarían. Pero Angie, mejor me das un toque el sábado o el domingo y te monto en mi flamante Suzuki; me la entregaron justo ayer. Pensarás que es una bobada, pero me hace mucha ilusión probarla contigo. Te subes y nos vamos a un lugar que conozco bastante solitario y ruinoso, con un extraño faro del que aseguran los lugareños que esconde el enigma de unos amantes inmortales. ¡Qué chorrada! ¿No? Pero igual les hacemos un favor logrando desenmarañar el misterio. ¿No crees?

Angie: Puede.

No hay comentarios:

Publicar un comentario